Estás tranquilo viendo el televisor, navegando por la internet, quizá tratando de superar un nivel; tan tranquilo que escuchas todo y nada, que piensas que te sientes bien no pensando. El mundo se detiene en seco, tus ojos comienzan a ofrecer un mejor reflejo... de pronto te sientes como hace años no te sentías y en estos últimos días te ha invadido ese estado tan familiar: quebrantado de corazón, aplastado en espíritu.
Inevitable e indudablemente comienzas a formular la causa, el motivo, porque no puedes sentirte así de la nada, todo tiene una explicación y todo tiene solución. He ahí el error, hace tiempo que no dejas que los sentimientos surjan, que fluyan, hace tiempo que te limitas en todos los sentidos porque siempre hay algo más importante qué hacer.
Siendo un joven adulto debes aceptar que estás pasando por una segunda pubertad, esta no es para ser un escandaloso mono cilindrero, mucho menos para apestar, esta vez es para volver a sentirse solo, pero no para buscar a alguien, esta vez es para aceptar y valorar la soledad, y no para quedarte solo, esta vez es para saber por qué y con quién deseas compartir esa parte de ti.
Esta pubertad es tan solo para dar un paso más a lo que llaman "madurez", un paso más a la experiencia, tan sólo para que comiences a darte tiempo para sonreír sin razón ni explicación, sin causa ni motivo, de la nada y sin solución.