El Salvador, lejos, pero dejó una especie de espíritu, nunca me abandonó.
Subestimando siempre, todos se han sentido a salvo, la falta de experiencia siempre asquea... a menos de que éste sea un perfecto ejemplo de inocencia.
La posesión nunca ha sido aliado, aún rechazando probabilidades, te vuelve vulnerable, estaba al descubierto y me descubrió, sabía del poco valor para si quiera mencionar algo, me cansé de siempre quedarme esperando, aún no sé si fue lo mejor.
Y así como inicié con el Salvador pero insistí con la sustitución... ahora es un sentido de supervivencia, ahora tengo el deber de defender.
Ojalá yo respondiera como defiendo.
Siempre me acerca más al pasado la culpabilidad de alguna sentimiento ermitaño.
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