lunes, 14 de marzo de 2016

Inmoral

En cuatro paredes a media luz me perturba la escena dramática de un día anterior, sin pensar había despertado pensando, enjuiciando cada situación hasta el día de hoy, las ideas taladraban mi cabeza y su eco recorría mi interior hasta lo más recóndito cuando el hecho era tan sencillo, sin necesidad de escuchar todos esos cuentos, sin necesidad de hacer un análisis a profundidad, sin necesidad de obtener razones rebuscadas, el hecho era tan jodidamente sencillo que era en demasía, hilarante, aceptarlo no me era difícil pero sabía que mi alrededor era el que me iba a impedir hacerlo, y aunque la opinión externa me tiene sin cuidado desde ya hace un tiempo atrás, me daba la sensación de que sería irónico e incompresible, que daría a confundir mi postura tan firme y despreocupada con un hecho tan asquerosamente sencillo y un tanto irracional como todo ese tiempo envueltos en la indecisión y falta de valor, como la intención insuficiente para plasmarlo y hacerlo en dos partes como si sentir y recordar te remontara a lo mismo, o quizá en tres para no entrar en conflicto haciendo tiempo para no concluir, para tener razones por las cuáles simplemente no dejarlo ir; de ser posible, hasta en cuatro para después hallar justificación a esas malditas pesadillas que no me sueltan cada madrugada, acalambran la existencia nocturna y asfixian el sueño... ¿quién iba a decir que seres tan sencillos complicarían de esta manera mi rutina de mierda?, bajé la guardia al ver que no tenían el potencial para siquiera perturbar mi respiración y apenas hoy puedo respirar, porque aún hay una extraña fuerza oprimiendo el pecho, sus intenciones desconozco, puede ser para matar lentamente o para hacer despertar, luchar, pero la realidad es que estoy cansada de cargar con hechos tan miserablemente sencillos que hago de ellos lo más fácil... complicarlos. 

Con apenas un punto y aparte es notable la necesidad de hablar de ese hecho, de complicarlo, de hacerle creer al mundo que es de lo peor que alguien puede cargar, es notable que el hecho lo considero lo suficientemente inmoral para como para expresarlo en las únicas dos palabras que requiere: Te extraño. 

jueves, 14 de enero de 2016

Amor con "M"

Siempre lo supe, siempre estuve consciente que lo único que hice por excelencia fue gastar saliva, gastar ganas, quizá por eso lo hacía, para poder culpar a la simpleza, a lo superficial pero cuando llega el día que más anhelé... tampoco funcionó, mala táctica, tantos años en el campo de batalla no me enseñaron nada más que entregar todo sin avisar y luego tratar de culpar a otros, tratar de depositar tantita culpa que siempre termina por consumirme.

La diferencia entre hoy y hace dos años es que tengo más coraje que vulnerabilidad, más que melancolía hay odio para mi alrededor, y este puto proceso y yo nos volvemos a enfrentar pero ahora es cara a cara, quizá así pueda escuchar lo que grito con la mirada.

Todo puede pasar y lo único que lamento es que hayas encontrado espacio con esta bruja de intenciones y miedos inestables; quizá mañana, quizá en una semana o un año, quizá en otra vida o quizá nunca, pero será mejor porque será tarde y tarde podemos matar el día como lo hacíamos con la razón, cómo lo hacía yo por el simple hecho de mirarte, porque jamás había sido tan posesiva, porque me dio miedo esa sensación, porque no debes pertenecer a nadie... maktub, estaba escrito.

Es difícil cuando los caminos se separan, pero aún más cuando por decisión se separan. 

'Siempre amándolo y odiándolo al mismo tiempo y deseando vivir sin él, ahora que se cumplió mi deseo... jamás fui tan desgraciada."

12 de noviembre de 2015 
17:45

viernes, 26 de junio de 2015

La segunda pubertad

Estás tranquilo viendo el televisor, navegando por la internet, quizá tratando de superar un nivel; tan tranquilo que escuchas todo y nada, que piensas que te sientes bien no pensando. El mundo se detiene en seco, tus ojos comienzan a ofrecer un mejor reflejo... de pronto te sientes como hace años no te sentías y en estos últimos días te ha invadido ese estado tan familiar: quebrantado de corazón, aplastado en espíritu.

Inevitable e indudablemente comienzas a formular la causa, el motivo, porque no puedes sentirte así de la nada, todo tiene una explicación y todo tiene solución. He ahí el error, hace tiempo que no dejas que los sentimientos surjan, que fluyan, hace tiempo que te limitas en todos los sentidos porque siempre hay algo más importante qué hacer.

Siendo un joven adulto debes aceptar que estás pasando por una segunda pubertad, esta no es para ser un escandaloso mono cilindrero, mucho menos para apestar, esta vez es para volver a sentirse solo, pero no para buscar a alguien, esta vez es para aceptar y valorar la soledad, y no para quedarte solo, esta vez es para saber por qué y con quién deseas compartir esa parte de ti.

Esta pubertad es tan solo para dar un paso más a lo que llaman "madurez", un paso más a la experiencia, tan sólo para que comiences a darte tiempo para sonreír sin razón ni explicación, sin causa ni motivo, de la nada y sin solución.  

Sustitución II


El Salvador, lejos, pero dejó una especie de espíritu, nunca me abandonó.

Subestimando siempre, todos se han sentido a salvo, la falta de experiencia siempre asquea... a menos de que éste sea un perfecto ejemplo de inocencia. 

La posesión nunca ha sido aliado, aún rechazando probabilidades, te vuelve vulnerable, estaba al descubierto y me descubrió, sabía del poco valor para si quiera mencionar algo, me cansé de siempre quedarme esperando, aún no sé si fue lo mejor.

Y así como inicié con el Salvador pero insistí con la sustitución... ahora es un sentido de supervivencia, ahora tengo el deber de defender. 

Ojalá yo respondiera como defiendo. 

Siempre me acerca más al pasado la culpabilidad de alguna sentimiento ermitaño. 

Doblando el mapa

Nunca revisé hacia dónde llevaba ese aquel mapa; supuse que como todos ellos, sería un lugar prometedor.

Tratar de llevar un curso tan monótono, tan estereotipado, comenzaba a consumir mi poca condición física y emocional, cuando tus días pesan... hasta las cosas que disfrutas hacer no tienen sentido.

Muchos evitan tocar fondo, muchos evitan que otros toquen fondo, pero eso no lo decides, a veces es necesario tocar más allá de los límites para saber dónde NO quieres estar, para, curiosamente, reencontrarte o encontrar una mejor versión de ti, sin miedos, sin rencores... sin orgullo, es ahí donde, sin decir siquiera palabra alguna, tu semblante te pertenece, es tuyo y refleja lo que en verdad quieres, sientes y piensas, es ahí donde doblas el mapa, lo guardas en el bolsillo trasero y caminas tomando decisiones en el último momento, ese momento que es el adecuado, ese que por mucho tiempo evitaste.

Haces una pausa en tu camino, levantas la mirada, sonríes con malicia y sigues caminando, con los mejores pasos que jamás diste.


Sustitución

Hasta las mejores cosas cansan cuando son tan repetitivas, buenas, pero iguales no siempre es lo mejor, ni siempre te llenarán.

El duelo ajeno por amores ilógicos habían colmado mi paciencia, de pronto ya no quería saber más sobre el Salvador, que, precisamente, había salvado mi existencia, me aturdía la necedad y torpeza,  quizá porque me recordaba a mí, fuese lo que fuera, ya no salvaba. 

Presentí cuan bajo caerías, y pasó, pero el mundo estuvo a tu favor y te ofreció el aislamiento, ¡que salvación!... los primeros días fueron difíciles para él, mejores para mí, y comenzó el proceso de siempre, sustitución.

Recordando un poco, recordando mi nacimiento cuando Dios estaba enfermo, recordamos que el mundo nunca está a mi favor y entonces recordé al Salvador y supe que sólo un aire de egoísmo y pesadumbre había disuelto mi paciencia, en realidad lo necesitaba, lo necesito.

Regresa.

martes, 18 de marzo de 2014

Ya no estamos en diciembre

Y como lo dije: Sólo dejé que los días, simplemente, pasaran.

Poco a poco se perdió el detalle de tu espíritu y de tu rostro, que, muchas veces los recorrí con la yema de los dedos, se había quedado impregnado el Hades de tu cabello y una sombra amorfa que suele hablarme de ti, que en silencio me grita los recuerdos.

Desde el día en que desee que en verdad sucumbieras, que te hundieras en lo más profundo para poder sentirme solo un poco mejor... dejé de contar los días, dejé de contar contigo y dejé de desearte a ti, incluso, de siquiera desearte algo.

Desapareciste y te desaparecí, dejé que tu ausencia consumirá todo a su paso hasta los rincones más profundos, lamentablemente aún no sé si de verdad todo se evaporó o sólo está enterrado, ya no quiero saberlo, ya no estamos en diciembre.

No cumpliste compromisos ni promesas vanas a las cuales nunca otorgué confianza, y no por ti, por represarías personales; dudo enteramente que poseas palabra alguna, pero por todo lo que se hizo nada, cumple la ultima, desaparece.

Ya nada justifica un quebranto, no quiero descubrir ya nada, recordemos que ya no estamos en diciembre.