sábado, 26 de enero de 2013

No cuentes opciones


 De lo que le hacia falta a mis días, lo que pedía y lo era todo, lo fue. Los deberes diarios que tanto abruman se vuelven nada, ni siquiera te tomas la molestia de recordarlos, y todos notan la mirada perdida, la sonrisa al aire, entonces me pregunto: ¿a dónde carajos se van los suspiros? Al carajo!... tal vez.

Un día que detuve agresivamente la caminata cotidiana y caí en cuenta que había perdido "el toque", y las palabras ya no eran más mías, el resto del día camine lento.

Errando, decidiendo como si fueran objetos porque era mi momento y las manos me sudaban, el corazón quería salir del pecho, un leve dolor en las sien y el típico nudo en la garganta pero y de felicidad, quería gritar porque me sentía afortunada, con poder, me podía salir "con la mía".

Era perfecto, ideal, correcto; sencillamente, preciso, pero todo lo perfecto es superficial,  y así como fácil lo conseguí, fácil se me escapo de las manos, de los dedos. Nunca sabes cuando te enamorarás de lo que más repudias. Tampoco sabes cuando dejará de ser tan humano y te suelte madrazos con su ego.

Un día lo tuve todo y al otro fui miserable, así siempre ha sido... días. Sigo esperando la carta que no llegara, con las disculpas que nunca sentirá, es estúpidamente inevitable. Es cuando la soledad se torna desgarradamente notoria. Si cuentas las opciones dejan de existir.

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