Y como lo dije: Sólo dejé que los días, simplemente, pasaran.
Poco a poco se perdió el detalle de tu espíritu y de tu rostro, que, muchas veces los recorrí con la yema de los dedos, se había quedado impregnado el Hades de tu cabello y una sombra amorfa que suele hablarme de ti, que en silencio me grita los recuerdos.
Desde el día en que desee que en verdad sucumbieras, que te hundieras en lo más profundo para poder sentirme solo un poco mejor... dejé de contar los días, dejé de contar contigo y dejé de desearte a ti, incluso, de siquiera desearte algo.
Desapareciste y te desaparecí, dejé que tu ausencia consumirá todo a su paso hasta los rincones más profundos, lamentablemente aún no sé si de verdad todo se evaporó o sólo está enterrado, ya no quiero saberlo, ya no estamos en diciembre.
No cumpliste compromisos ni promesas vanas a las cuales nunca otorgué confianza, y no por ti, por represarías personales; dudo enteramente que poseas palabra alguna, pero por todo lo que se hizo nada, cumple la ultima, desaparece.
Ya nada justifica un quebranto, no quiero descubrir ya nada, recordemos que ya no estamos en diciembre.
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