He recomenzado y sé que no podré alcanzar de nuevo esas cumbres a dónde el amor y la entrega me habían, perfectamente, arrastrado.
Mis palabras y aliento ya no te sirvieron, eran una araña roja diminuta en tu cuaderno sin materia. Notable pero insignificante. Decidiste que una luz distinta iluminara tus pasos tambaleantes, crees que es otra luna pero no es más que un satélite artificial de novedad.
Las respuestas solían ser, quizá, la solución, pero con respuestas inconclusas la vida se te va escribiendo con las manos frías. Y en realidad... ¿qué fue lo que enfrío tu corazón en cuanto a mi respecta?, tantas preguntas al aire han sofocado la existencia y taladrado el pensamiento.
Sacudir el polvo también es molesto, y más con alergias, más si la homosexualidad repercute, únicamente, en los bronquios.
¿De que nos sirve un alma repleta de oquedades?, ojalá, al menos, un día tenga el conocimiento acerca de como rellenar.
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